El brasileño conquistó su primer Campeonato Mundial de Fórmula 1 con Brabham en una de las definiciones más dramáticas de la historia. Carlos Reutemann llegó a la última carrera como candidato, pero una jornada complicada en Las Vegas terminó consagrando a Piquet por apenas una unidad.
La temporada 1981 de la Fórmula 1 quedó grabada en la memoria de los aficionados argentinos por una razón especial: la posibilidad de que Carlos Alberto Reutemann se convirtiera en campeón del mundo. Sin embargo, aquella historia terminó con otro protagonista levantando el trofeo. El brasileño Nelson Piquet, al volante de un Brabham-Ford, se consagró campeón después de una definición apasionante en el Gran Premio de Caesars Palace, disputado en Las Vegas.
El 17 de octubre de 1981, Piquet consiguió su primer título mundial en una de las temporadas más ajustadas que se recuerden. Terminó quinto en la última carrera, un resultado suficiente para sumar los puntos necesarios y superar a Reutemann por apenas una unidad: 50 puntos contra 49.
Una temporada de lucha permanente
El campeonato de 1981 fue una batalla entre diferentes equipos, pilotos y soluciones técnicas. En una época de grandes transformaciones reglamentarias y avances aerodinámicos, Brabham, Williams, Renault y Ferrari protagonizaron buena parte de la lucha por las victorias.
Piquet encontró en Brabham un conjunto competitivo, dirigido por Bernie Ecclestone y con Gordon Murray como uno de sus principales responsables técnicos. El brasileño combinó velocidad, inteligencia estratégica y una notable capacidad para aprovechar las oportunidades.
Reutemann, por su parte, había comenzado el año con una actuación sobresaliente. Ganó el Gran Premio de Brasil y también se impuso en Bélgica, además de conseguir resultados importantes que lo mantuvieron en la pelea por el campeonato durante toda la temporada.
El argentino tenía una oportunidad histórica. Después de años de protagonismo en la categoría, el título parecía estar al alcance de su mano.
Las Vegas, el escenario de una definición inolvidable
La última fecha del campeonato se disputó en un lugar tan particular como exigente: un circuito montado en el estacionamiento del hotel Caesars Palace, en Las Vegas. El trazado, recorrido en sentido antihorario y bajo un calor intenso, representaba un desafío físico considerable para los pilotos.
Reutemann llegó a la carrera decisiva con 49 puntos, uno más que Piquet, que acumulaba 48. El francés Jacques Laffite también conservaba posibilidades matemáticas, con 43 unidades. La pole position quedó en manos del argentino, que parecía tener todo a favor para luchar por la corona. Pero la carrera tomó rápidamente un rumbo inesperado.
El australiano Alan Jones, compañero de Reutemann en Williams y campeón vigente, tomó la punta desde la largada. El argentino perdió posiciones y comenzó a sufrir problemas con la caja de cambios, que lo dejaron sin la cuarta marcha desde las primeras vueltas.
Piquet, mientras tanto, avanzaba con un objetivo claro: terminar entre los primeros puestos y sumar los puntos necesarios para alcanzar el campeonato. No necesitaba ganar. Necesitaba resistir.
El esfuerzo físico de Piquet y el golpe para Reutemann
La carrera se convirtió en una prueba de resistencia. Piquet sufrió las consecuencias del calor y de sus problemas físicos, hasta el punto de llegar al límite de sus fuerzas dentro del habitáculo. Aun así, consiguió mantenerse en pista y completar las 75 vueltas.
Finalizó quinto, posición que le otorgó dos puntos y le permitió alcanzar las 50 unidades en el campeonato. Reutemann, por su parte, terminó octavo, fuera de la zona de puntos, y se quedó con 49.
Jones obtuvo la victoria con Williams, seguido por Alain Prost, con Renault, y Bruno Giacomelli, con Alfa Romeo. Sin embargo, el resultado que quedó para la historia fue el del brasileño: Nelson Piquet era el nuevo campeón mundial de Fórmula 1.
Para el automovilismo argentino, el desenlace fue un golpe durísimo. Reutemann había estado muy cerca de alcanzar el máximo objetivo de su carrera deportiva. La diferencia final de apenas un punto convirtió aquella definición en una de las más dolorosas y recordadas para los seguidores del piloto santafesino.
El comienzo de una nueva era brasileña
El campeonato de 1981 fue el primero de los tres títulos mundiales que conquistaría Piquet. Volvería a consagrarse en 1983, nuevamente con Brabham, y en 1987, con Williams.
Su primera corona tuvo un valor especial: llegó después de una temporada exigente, con una remontada en la segunda parte del año y una definición en la que la capacidad para sumar puntos terminó siendo determinante.
Piquet fue un piloto de enorme talento, inteligencia estratégica y personalidad fuerte. Su consagración también abrió una nueva etapa para Brasil en la Fórmula 1, que posteriormente tendría como gran figura a Ayrton Senna.
Para Reutemann, en cambio, Las Vegas representó la oportunidad que se escapó. El argentino nunca volvió a tener una posibilidad tan concreta de convertirse en campeón mundial.
El 17 de octubre de 1981 quedó marcado en la historia de la Fórmula 1 por una paradoja inolvidable: mientras Alan Jones celebraba la victoria en la pista, Nelson Piquet festejaba el campeonato y Carlos Reutemann veía cómo el sueño de toda una carrera se desvanecía por un solo punto.



