A 26 años del primer título de Schumacher con Ferrari 

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Hay carreras que se recuerdan por una victoria. Otras, por un adelantamiento. Y existen algunas que trascienden el resultado deportivo porque marcan el final de una espera que parecía interminable.

El Gran Premio de Japón de 2000 fue una de esas carreras.

Ese día, Michael Schumacher ganó el Campeonato Mundial de Fórmula 1 con Ferrari, consiguiendo el título de pilotos que la Scuderia esperaba desde 1979, cuando Jody Scheckter había consagrado por última vez a un piloto vestido de rojo. Fueron 21 años sin un campeón del mundo de pilotos para Ferrari. Y Suzuka fue el escenario elegido para terminar con esa sequía.  Pero para entender la dimensión de aquel domingo hay que retroceder unos años.

Una misión que empezó en 1996

Cuando Schumacher llegó a Ferrari en 1996, después de haber conquistado dos títulos con Benetton, la misión estaba clara: devolver a Maranello la corona mundial. No era una tarea sencilla.

Ferrari llevaba años siendo una de las escuderías más grandes y populares de la Fórmula 1, pero el último campeonato de pilotos había llegado con Scheckter en 1979. Desde entonces habían pasado campeones como Nelson Piquet, Alain Prost, Ayrton Senna, Nigel Mansell, Damon Hill, Jacques Villeneuve y Mika Häkkinen, pero ninguno había conseguido hacerlo con Ferrari.

En 1997, llegó a la última carrera con posibilidades de ser campeón, pero el polémico episodio con Jacques Villeneuve en Jerez terminó con su descalificación del campeonato.

En 1998, volvió a pelear hasta el final con Häkkinen y otra vez el título se le escapó.

Y en 1999, cuando Ferrari parecía encaminada a conseguir finalmente su gran objetivo, Schumacher sufrió el accidente de Silverstone que le provocó una fractura en la pierna y lo dejó fuera de varias carreras.

La historia parecía empeñada en hacer esperar a Ferrari. Hasta que llegó 2000.

Schumacher contra Häkkinen: una batalla de gigantes

La temporada 2000 fue, en muchos aspectos, una continuación de la rivalidad que había marcado los dos años anteriores.

De un lado estaba Schumacher y su Ferrari F1-2000. Del otro, Mika Häkkinen, bicampeón mundial, acompañado por un McLaren-Mercedes que seguía siendo una referencia.

Michael Schumacher comenzó el año de manera extraordinaria: ganó las tres primeras carreras, en Australia, Brasil y San Marino. A lo largo del campeonato alternó triunfos con abandonos y momentos de enorme tensión.  Häkkinen, mientras tanto, nunca permitió que Ferrari tuviera tranquilidad. El campeonato llegó a Suzuka convertido en un duelo directo.

Después de la victoria de Schumacher en Estados Unidos, el alemán llegó a Japón con 88 puntos, mientras Häkkinen tenía 80. La diferencia era de ocho unidades y, con apenas dos carreras por disputarse, Schumacher necesitaba ampliar esa ventaja de manera definitiva. Y Suzuka tenía algo más. Era el circuito donde, dos años antes, Häkkinen había celebrado su segundo título mundial precisamente frente a Schumacher.

En 1998, Ferrari había visto cómo su sueño se escapaba en Japón. Dos años después, el escenario volvía a ser el mismo. Pero esta vez la historia iba a ser diferente.

8 de octubre: Suzuka

La clasificación ya anticipaba lo que iba a suceder. Schumacher consiguió la pole position, pero Häkkinen quedó a apenas 0,009 segundos. Una diferencia prácticamente insignificante después de una vuelta completa al exigente circuito japonés.  En la segunda posición estaba el McLaren. Cuando se apagaron los semáforos, Häkkinen reaccionó mejor.

El finlandés tomó la punta y durante buena parte de la carrera pareció tener todo bajo control. Schumacher lo seguía, pero no conseguía superar al McLaren. La carrera se transformó entonces en una cuestión de estrategia. Ahí apareció uno de los grandes protagonistas de aquella jornada: Ross Brawn.

Häkkinen realizó su segunda parada en boxes en la vuelta 22. Schumacher continuó en pista. El alemán necesitaba aprovechar esas vueltas adicionales para construir una diferencia suficiente. Fue un momento decisivo. Schumacher comenzó a rodar al límite, mientras Ferrari esperaba que esa estrategia pudiera cambiar el resultado. Cuando finalmente entró a boxes en la vuelta 23, consiguió regresar a pista por delante de Häkkinen. La carrera había cambiado. 

Las últimas vueltas

Häkkinen no se rindió. Durante las vueltas finales intentó acercarse al Ferrari, pero Schumacher ya tenía la situación bajo control. El alemán cruzó la bandera a cuadros después de 53 vueltas, con Häkkinen apenas 1,837 segundos detrás.

Tercero terminó David Coulthard, mientras que Rubens Barrichello llevó al segundo Ferrari hasta la cuarta posición. El cuarto puesto de Barrichello era casi anecdótico. Todo estaba concentrado en el Ferrari número 3.

Michael Schumacher era campeón del mundo.

“¡Lo hicimos!”

La radio del Ferrari se convirtió en el sonido de una celebración histórica. Schumacher había conseguido finalmente aquello para lo que había llegado a Ferrari cuatro años antes.

Después de la carrera, recordó la tensión de aquellas vueltas finales y el momento en el que Ross Brawn comenzó a transmitirle por radio que la situación estaba saliendo bien. La celebración posterior fue uno de los momentos más recordados de aquella temporada. 

Schumacher había ganado su tercer Campeonato Mundial de Fórmula 1, pero este era diferente. Los dos primeros habían llegado con Benetton.El tercero significaba algo mucho más grande: Schumacher había convertido a Ferrari nuevamente en campeón del mundo de pilotos.

La clasificación final del campeonato terminó con Schumacher primero, con 108 puntos, y Häkkinen segundo, con 89. 

El fin de una espera de 21 años

Ese número quedó grabado para siempre en la historia de Ferrari: 21 años.

Desde Jody Scheckter en 1979 hasta Michael Schumacher en 2000. Durante ese período Ferrari había tenido grandes pilotos, grandes autos, temporadas dominantes y oportunidades perdidas. Gilles Villeneuve, Didier Pironi, Alain Prost, Nigel Mansell, Gerhard Berger, Jean Alesi, Eddie Irvine… nombres enormes habían pasado por Maranello sin conseguir devolverle el título de pilotos. Schumacher sí pudo hacerlo. Y lo hizo en Japón, precisamente en el circuito donde Ferrari había sufrido una de sus derrotas más dolorosas dos años antes.Por eso Suzuka 2000 no fue simplemente la victoria número 41 de Schumacher en Fórmula 1. El 8 de octubre del año 2000 fue el día en que Ferrari volvió a tener un campeón mundial de pilotos. La Scuderia italiana había esperado desde 1979. Michael Schumacher había esperado desde 1996. Después de cuatro temporadas de frustraciones, el sueño finalmente se hizo realidad.

Un campeonato que cambió la historia

Lo que ocurrió en Suzuka tampoco fue el final de una historia, sino el comienzo de otra. Aquel título inauguró la etapa más dominante de la alianza entre Schumacher y Ferrari. El alemán volvería a ser campeón con la Scuderia en 2001, 2002, 2003 y 2004, construyendo junto al equipo italiano una de las mayores hegemonías de la historia de la Fórmula 1.  Todo comenzó aquel 8 de octubre de 2000 en Suzuka. Con un Ferrari adelante, un McLaren persiguiéndolo y una diferencia de apenas 1,8 segundos en la bandera a cuadros.

Hay una frase que resume cuatro años de trabajo, frustraciones y esperanza. Ferrari volvía a ser campeón del mundo. 21 años después y el hombre que lo hizo posible fue Michael Schumacher.

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